lunes 3 de marzo de 2008

En hospitales siquiátricos no hay doctores, sino despiadados criminales, más locos aún que sus pacientes

Vuestros familiares le mandan a un Hospital Siquiátrico, porque quieren ayudarle, para que su mente se componga, para que usted se normalice. O a la inversa, usted envía a un familiar suyo a un Hospital Siquiátrico para eso mismo. Sólo que habría que preguntarse, ¿cuánto le quiere ese familiar que le envió allí, o cuánto quiere usted a ese famliar al que envió al MATADERO?

Muchas veces, en los hospitales siquiátricos a muchas personas les practican el electrochock con la excusa de que los medicamentos no les funcionan tanto como se desea, y que el electroshock ayudará a TERMINAR de componer su mente. ¿No será lo correcto, ayudará a TERMINAR CON SU MENTE? Cuando usted está consciente y no le practican el electroshock, aún así le maltratan, le amarran aunque usted esté totalmente tranquilo, le diagnostican mal a sabiendas de ello (y no les importa su nuevo futuro con una nueva enfermedad falsa), le obligan a tomar las drogas que a ellos les venga en gana, le encierran en feas habitaciones, incluso experimentan con usted mediante nuevos medicamentos que quizá le dejen todo el cuerpo tieso, le dejarán hecho un completo idiota, un zombie, con tal de hacer que su mente cambie. Si hacen todo eso estando usted consciente, cuando saben que usted vivirá con esos recuerdos, entonces, ¿qué no harán estos criminales cuando le pracitican a alguien el electrochock?

El electroshock consiste en pasarle una inmensa cantidad de electricidad por la cabeza, con el supuesto propósito de mejorar su estado, de aminorar el estado de su enfermedad mental. Ello causa una completa pérdida de memoria temporal. Para ello, usted es llevado a una habitación donde se acuestan todos los pacientes a los que les practicaran el electrochock. Luego los separan a todos, y (posiblemente) una mujer con apariencia de anciana se acercará con una inyección que le pondrá en la vía intravenosa que tiene en el antebrazo, diciéndole:

-Te vamos a dejar como nuevo-

Unos instantes después de eso, ya no sabrá qué pasó. Ni recordará practicamente nada de el periodo en el que usted estuvo en ese hospital, una vez que alla salido de ahí. Quizá la amnesia inducida continúe a lo lago de toda su vida. O quizá usted logre recordarlo al cabo de cierto tiempo. Casi nadie lo logra: recuperarse de una amnesia de la que no se es consciente ha de ser imposible, si bien es muy difícil superar una amnesia que le quite el sueño y que desee superar con todas sus fuerzas. Yo sí logré recuperar gran parte de la memoria que había perdido, así que aquí le traigo a usted, lector amable, lo que les sucede a todas las personas que les practican el electroshock en los hospitales siquiátricos. Esto me sucedió en un internamiento en que estuve a mis 20 años de edad:



Estaba como los demás pacientes acostado, esperando que me practicaran el electroshock, maldiciendo la suerte que me había tocado, y las personas que allí me habían puesto. Tenía una vía intravenosa puesta en el antebrazo, con una bolsa de algún líquido, el cual pasaba gota a gota a mi sangre. Luego de algún tiempo, se acercó a mí una mujer algo entrada en años (era casi anciana) con una inyección en su mano, y al tiempo que inyectaba su contenido a través de la intravenosa, me dijo:

-Te vamos a dejar como nuevo-

Yo la miré con muy profundo odio. Luego, en algún determinado momento, me soltaron las amarras de la cama, y pude ponerme en pie. Ya no estaban los demás pacientes, sólo se encontraban unos cinco enfermeros, y uno de los pacientes que nada más conocí en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Yo era deportista, y aunque él era muy delgado, era muy fuerte, así que me huiera gustado pelear amistosamente con él. Él, además de ser muy delgado, se rascaba mucho todo el cuerpo, todo el día. Esa clase de cosas sólo se ven en las personas con Sida.

-Ahora sí, venga y peleamos- Le dije con entusiasmo. Pero los enfermeros se abalanzaron sobre mí, y ya no pude moverme.
-¡Esto no se vale!- Les reclamé. Pensé que el sujeto me iba a propiciar una gran golpiza. Entonces se acercó a mí, y me dio un gran golpe en el estómago, que me resultó insoportable a pesar de que lo endurecí con todas mis fuerzas, nunca imaginé tal fuerza. No recuerdo cuántos golpes más me habrá dado. En seguida, uno de los enfermeros me inyectó algo, y quedé consciente pero sin poder moverme. El mismo sujeto que me golpeó tan duro, el que sólo había visto en la UCI, empezó a desnudarme allí en el suelo donde me encontraba yo. Y me violó con tal fuerza que en días posteriores no podía ni sentarme. Mientras lo hacía, me hizo preguntas acerca de lo más íntimo de mi vida, yo le respondía con la esperanza de que se detuviese. Al terminar, me comenzó a doblar con sus grandes fuerzas el dedo pulgar del pie derecho. ¡Me lo fracturó! Tuve que gritar del dolor, pero casi no me asusté, para tranquilizarme me decía a mi mismo:

-Hasta aquí llegaron los partidos de fútbol. Todo sigue bien, no importa que me quiebre el dedo. Simplemente, hasta aquí llegaron los partidos de fúbol, no volveré a patear un balón, esto no pasa de eso...-

Finalmente se fue no sin antes decirme: Yo tengo Sida. Y yo quedé ahí llorando amargamente en el suelo, tratando de levantarme. Pasó algún tiempo antes de que pudiera hacerlo. Caminaba por los pasillos solitarios de esa parte del hospital, no encontraba a dónde ir, estaba furibundo. Y luego de mucho rato, apareció a lo lejos un enfermero, que apenas pude abstenerme de no golpearlo, que me guió a algún lugar. Allí me practicaron algunos electrochock estando consciente, fue de lo peor, de los dolores ese fue realmente indescriptible, increíble, inimaginable, completamente insoportable.

En determinado momento, me encontraba nuevamente en una cama, otra vez sólo yo. Ya había olvidado las atrocidades que me habían hecho. Estaba totalmente tranquilo, aunque no podía mover ni un solo dedo. Sólo pensé que era que me iban a hacer el electrochock. Rápidamente, un enfermero me habrió la camisa, y me puso en el pecho unos aparatos redondos, de esos que sirven para el electro-cardiograma. Inmediatamente pensé que era que mi corazón estaba fallando, solía pensar eso muy a menudo. El tiempo transcurría, y me comencé a poner ansioso, comencé a pensar qué estaba ocurriendo en realidad. Luego de algún rato, me percaté que estaban abriéndome la cabeza. ¡Fue uno de los más grandes sustos de toda mi vida! Con gran dificultad, lograba por ratos mover ligeramente el dedo índice para decir "NO", por favor no lo hagan. Pero en uno de esos esfuerzos, un sujeto que yo conozco bien me golpeó insistentemente mi antebrazo, con toda la miserable fuerza que tenía. Me entristecí demasiado, no volví a insistir. Para tranquilizarme, repetía en mi mente:

-...esto es el destino, es algo inevitable, esto es el destino, es el destino, es inevitable, yo sé que el destino existe, todo lo que nos pasa debe pasar, no hay manera de evitarlo, esto no pudo ser de otra manera, así debió ser, este es mi destino, era inevitable, era mi destino...-

Pensando así pasé muy tranquilo ese gran tormento. Bastante tranquilo, y muy triste. De pronto, sucedió lo que tanto temía: sentí un cierto golpe en la cabeza, y todo se hizo diferente, mi consciencia cambió tremendamente por el resto de la operación. Mis ojos se abrieron tanto como pudieron, del gran espanto que sentí, pero una vez calmado, no pude volverlos a la normalidad. A veces un sujeto me decía: cierre los ojos...

Al regresar con el resto de mis compañeros de hospital, no recordé nada. En la visita con la sicóloga, estaba junto a ella una señora más. Me indicó que hiciera un dibujo, yo lo hice con algún entusiasmo, pero mi mano izquierda interfería con el dibujo: se movía con autonomía propia, quería ella realizar el dibujo. Pero eran pequeños impulsos, al mover la mano izquierda me asustaba y me detenía. Estaba sorprendido.

-Siéntate sobre tu mano para que termines el dibujo- me dijo. Yo sonreía de ver lo que pasaba, no quise sentarme, pero no hubo mejor opción para aquietar mi insostenibl mano izquerda.
-Te hemos operado, te hemos devidido el cerebro en dos- Al oír eso, yo me puse muy triste. -¡Lo podemos solucionar! Es una operacó muy cara. ¿Quieres que lo hagamos?- Me preguntaron.
-¡Sí!- Exclamé lleno de gran felicidad y alegría renovada. -¿Cómo pueden hacerlo- Les pregunté muy extrañado.
-No te podemos decir, no te va a gustar. ¿En verdad estás seguro? Eees que tenemos que asegurarnos que las dos partes de tu cerebro estén de acuerdo-
-¡Sí, sí. sí!- Les respondía yo sumamente alegre y esperanzado.
-Te va a costar menos hacer teorías. Vas a ver-

Ese fue el golpe que sentí, un corte en el cuerpo calloso del cerebro. Estaba intrigado en la operación que pensé me iban a realizar. Pensé que pondrían latas que conectaran ambos hemisferios cerebrales. Lógicamente no era como yo pensaba. Ya se imaginará usted de qué manera arreglaron que yo no tuviera dos cerebros al mismo tiempo..................: eliminando uno. Así es, en la segunda operación me realizaron una hemisferectomía parcial, si bien en la primera me realizaron una callosotomía parcial.

Estando otra vez solo en una habitación, se acercó nuevamente a mí la misma señora con apariencia de anciana. Era canosa, mas no recuerdo que tuviera el rostro arrugado, ni en lo más mínimo (parecía que era falsamente anciana, una señora hecha anciana "artificialmente"). Casi puedo asegurar que podría reconocerla. La señora me acercó a una mesa una hoja en blanco, diciéndome:

-Toma, es un pacto con Satanás... Si no lo haces le haremos daño a tu familia... si no lo haces le haremos daño a tu hermanita... les haremos mucho daño...-

Yo la miraba disgustado y horrorizado, a pesar de que era ateo. Casi no lo firmo, pero pensando algo en mi familia, pero sobre todo meditando que era una estupidez dado que era ateo, lo firmé, diciéndole:

-Yo no creo en esto-
-Ya vamos a ver- Me respondió la señora.
-Yo voy a romper ese pacto cuando salga de aquí- Le dije con enojo.
-Sí, lo puedes hacer. Si es que logras recordarlo...-
-Sí lo voy a hacer, voy a recordar y romper ese pacto-

Me gustó pensar en ese reto. Me gustan los retos como ese. Me gusta pensar que exigiré mi inteligencia y otra capacidades al máximo, con el propósito de lograr algo muy sorprendente, algo que asombre y fascine a todos, algo en extremo difícil de lograr, y tener la fuerza de volutad para lograrlo. Estaba totalmente convencido de que lograría recordar ese episodio, no sin furia o enojo, para poder romper ese pacto. En verdad creía que lo que la señora me ponía era un pacto con Satanás. Yo estaba casi completamete seguro de mi ateísmo, y lo firmé resueltamente. Pero sí estaba seguro que la intención de la señora sí era hacerme firmar un pacto con Satanás. ¡Estaba completamente idiotizado! Estando yo nuevamente en la cama, la misma señora se acercó para decirme una espantosa estupidez:

-¡Cuando mueras, vamos a poner tu cabeza sobre una máquina, en un sitio público, todos te verán allí!-
-¡Yo no pagué por eso! Exclamé casi a gritos. Se trataba de la criopreservación que realiza la compañía ALCOR.
-No importa- Me dijo resuelta esa señora.
-¿Por qué lo van a hacer?- Les pregunté desesperado.
-Porque tú eres muy malo- La señora dijo la peor de las farzas. Decirle eso a un chico como yo que ni fumaba medio cigarrillo, ni tomaba un trago de cerveza, un chico dulce que era tan cariñoso con su familia, sus amigos, y hasta con las personas que no conocía, alguien que siempre se esforzaba en no lastimar ni un poco los sentimientos de ninguna persona (cuando no era muy provocado), un chico sincero y amable como yo que tenía grandes ideales, que quería llegar a hacer obras de caridad, que quería ser físico teórico y hacer importantes teorías para el avance de nuestro mundo. ¿Podía acaso ser una mejor persona?
-¡No por favor! ¡No lo hagan por favor se lo suplico! ¡Yo voy a ser una buena persona, por favor, se lo suplico!
-Está bien- dijo la señora. -Pero eso le va a pasar a uno de tus seres queridos.

No me importó. Estaba horrorizado, y satisfecho con "haberme salvado yo". Me estremecí en gran manera, todo el cuerpo me temblaba mientras pronunciaba un "uyuyuy". Al cabo de algún rato comencé a preguntarme a quién le irían a hacer eso que mencionó la señora. Pensé que tendría que poder recordarlo a como diera costa, para prevenirlos a todos, pensé en todos mis familiares. Pensaba mucho y con mucha energía que tenía que poder recordarlo, tenía que poder hacerlo. Lógicamente ya me tenían completamente idiotizado en ese espantoso hospital.

También recuerdo que estando completamente aturdido, esa misma señora repetía:

-Víctor, usted es un esquizofrénico, usted es un esquizofrénico, repítalo. Usted es un esquizofrénico, usted tiene esquizofrenia, ¡no me diga que no, admítalo! Usted tiene esquizofrenia, usted es esquizofrénico...-

Yo no estaba de acuerdo para nada, pero al oír el tono agresivo de la señora sentí miedo, y repetí esas frases. Seguramente era con el objetivo de "hipnotizar" mi mente con ese mesaje, para que yo aceptara el diagnóstico, que aceptara tomarme las pastillas. Algo que nunca hice ni haré.


En algún determinado momento, estando yo acostado en la cama, nuevamente sólo, se acercó otra vez la señora con una inyección en la mano. Esto es algo de lo más sorprendente, aunque igualmente espantoso. Ella me dijo:

-Este es el virus del Sida ¿Quieres que te lo ponga?-
-¡¡Deme!!- Le dije, para ponerme la inyección yo mismo. Pensé que si le rogaba y me ponía a sufrir, de todos modos me la pondría. No quise sufrir rogándole. Recordé la manera en que murió Sócrates, y las pocas ganas que tenía de vivir...
-No, yo te la pongo- Y me inyectó lo que estoy seguro era el VIH.

Durante algunas semanas que transcurrieron al estar internado en ese hospital siquiátrico, pasé demasiado resfriado. Tenía muchos mocos, y algunos salían con sangre, con pelotas sangrientas. Me extrañó mucho resfiarme tan duro, y durante tanto tiempo. Pues siempre me gustó el frío, soportaba a placer cualquier frío que hiciera en cualquier lugar. Y si me resfriaba, era algo leve, y que desaparecía en menos de una semana: yo me reponía de los resfriados con gran facilidad. Los resfríos eran de todos modos muy raros en mí, casi nunca me sucedía, pasaban años antes de que me diera un nuevo resfriado. Pero en aquella ocasión fue terrible. Fue tan duro, que conociendo algo del tema, en varias ocasiones comencé a dudar si acaso tenía Sida, y ello me producía bastante miedo ¿Por qué no se me quita este resfriado, qué pasa? Me decía a mí mismo. Ese es el primer síntoma de Sida, el síntoma del inicio de la infección: una fuerte gripe que dura alrededor de tres semanas, luego sigue una larga fase asintomática.

Aquella misma señora, sorprendentemente, me dijo también mientras estaba en alguna cama, sosteniendo algo en su mano:

-Tienes Sida. Esta es la cura para el Sida ¿Quieres que te la ponga?-
¡No!- Eso fue lo que le dije. Me encontraba muy deprimido, no tenía ganas de vivir. Apenas si me sorprendió que existiera la cura para el Sida. Pensé en la gran cantidad de personas que tienen Sida y que están más que deseosas de obtener una cura, en las que ya habían muerto por Sida, y todas esas personas cuyo mayor sueño sería curarse de esa enfermedad, para salvarse y no morir. Y me pregunté: ¿Si hay tantos que tienen Sida y nunca obtendrán la cura, y tendrán feas enfermedaes, y morirán, quién soy yo para salvarme, quién soy yo para que me inyecten sólo a mí la cura para el Sida, quién soy yo para ser así de privilegiado sobre tantos pobres con Sida?
-¿No quiere que le ponga la cura par el Sida?- Repitió ella
-¡No!
-De todas formas te la voy a poner- Y me inyectó lo que estoy seguro era el antídoto para la causa de Sida (piense usted sea el VIH o no).

Finalmente, el recuerdo que considero fue el último de esta serie, fue cuando desperté en una habitación, en la que sólo se encontraba un enfermero. El enfermero inmediatamente comenzó a llamarme a una habitación junto a la que yo estaba. Yo me puse de pie, y quedé sorprendido con los colores que veía, me decía a mí mismo:

-¡Colores! ¿Qué son estos colores? ¡Colores! ¡Colores!-
-Venga, venga, venga- De tal manera me llamaba el enfermero, quizá algo ansioso porque llegara.

Pronto me percaté que los colores terminaban... justo en la pared de la habitación. Continué mirando los colores muy extrañado e intrigado, hasta que me di cuenta de que sólo se trataba del mosaico del piso, que tiene esas comunes figuritas de diversos colores. "Es sólo el piso", pensé sin darle la mayor importancia. Seguramente caminaba muy lento, porque el enfermero continuaba llamándome. Finalmente me encontraba frente a una cosa que yo reconocía, pero sobre la cual había algo muy extraño:

-¿Por qué esto está aquí? ¿Porqué esto está aquí? ¿Por qué esto está aquí?- Me decía a mí mismo cada vez más intrigado, sumamente extrañado, extrañado de ver al objeto allí y de no saber qué hacía ahí.

-Coma- Me dijo el enfermero.

Yo tomé el objeto extraño, lo mordí, y me di cuenta de que era comida. De la cama en que me había despertado, el enfermero tuvo que llamarme insistentemente para que yo lograra llegar a la mesa de la habitación de al lado, y tuvo que decirme... ¡qué hacer con el emparedado que estaba en un plato sobre la mesa! ¡Estaba hecho todo un zombie!

Y tengo otros recuerdos leves y aislados, tan raros que no podrían ser contados aquí. Entre ellos está que recuerdo despertarme en una habitación con un frío extremo en mi cuerpo. Fue de lo más raro, el frío que sentía era demasiado extremo, prácticamnte estaba congelado. Me tocaba todas las partes de mi cuerpo para sentir el frío, para ver si era lo mismo en todo el cuerpo. Eso no se pudo dar en ese hospital siquiátrico, seguramente me trasladaron a las instalaciones de ALCOR, pero como dije, mencionar esta clase de cosas no tiene sentido aquí...


Luego de casi dos años desde entonces, estando sin oficio en mi casa, dedicándome únicamente a escribir, estos y otros recuerdos comenzaron a surgir desde el interior de mi mente. Recientemente las dudas me llevaron a hacerme una prueba de anticuerpos del VIH, que es la prueba para el Sida, y salió negativa. ¡Entonces era cierto, la cura para el Sida existe! Esto no es del todo algo nuevo, ya hay personas que lo afirman, ello se puede encontrar con algo de esfuerzo en la Internet.

No recuerdo haber hecho memoria de alguno de estos hechos durante el tiempo que estuve en el hospital. Sí recuerdo que mi padre me tocaba la cabeza, y dicíase a sí mismo: ¡Increíble!
Si no lo recordé recién me había ocurrido, mucho menos lo recordaría con el transcurrir del tiempo. Y sin la consciencia de que había perdido parte importante de mi memoria, no me iba a esforzar en lo más mínimo en recordarlo. Así sucede con casi prácticamente todos los que EJECUTAN durante el periodo de los electrochock. Esos enfermos y despiadados criminales les hacen a esos pacientes las peores brutalidades, los peores delitos, porque están seguros de que sus víctimas no lo van a recordar, ni siquiera harán el esfuerzo en recordarlo. Pero, casi dos años desde que estuve internado, recordé que había sido violado, fue tan frustrante que el recuerdo súbitamente apareció en mi mente. A partir de entonces empecé a tratar con gran esfuerzo en hacer memoria. Quería saber qué más me había ocurrido, quería saberlo todo. Hechos diversos y aislados afloraban nuevamente en mi memoria, poco a poco. Hoy, medio año desde el primer recuerdo, prácticamente lo he recordado todo. El dedo índice del pie derecho me duele muy poco, bastante cuando pateo fuertemente un balón, pero nunca me cosieron, ni hay la más mínima cicatriz, al igual que en la cabeza. En la cabeza apenas tengo muy ligeros surcos que antes no tenía. Me practicaron cirugía de primera tecnología.

Esta es la verdad de los Hospitales Siquiátrcos, la dura y espantosa realidad, la verdad de lo que sufrimos los que ahí somos internados por nuestros ignorantes familiares, a veces por nosostros mismos, la realidad de lo qus sufren las personas que son sometidas al electroshock. Sólo espero que este testimonio sirva de gran advertencia para el lector y lo suyos. Si es así, valió algo la pena haber pasado por todo esto. Y quizá lo lea alguien que además de evitarlo, haga algo por acabar con ello, por mejorar la manera de proceder en los hospitales siquiátricos, y sobre todo por prohibir los totalmente incesarios (y mortamente peligrosos) electroshock. Y seguramente lo ha de conseguir. Vale.

En este momento estoy ahorrando dinero para hacerme una resonancia magnética en la cabeza, que demuestre fielmente la operación que me hicieron en el cerebro, y con tales pruebas ir a buscar un buen abogado, para denunciar a ese xx hospital. Obtendré así algo recompensa por todo el sufrimiento, algo que empiece a desmoronar a los hospitales siquiátricos. Pero ni toda la riqueza del mundo, será de apremio por todo ese espantoso sufrimiento que padecí. ¡Ya lo sabe todo, ahora le ruego que actúe!